Claves para una correcta digitalización empresarial

Claves para una correcta digitalización empresarial

Por Blas Briceño, fundador y presidente de Finnegans y Xubio, empresas dedicadas al desarrollo de software con soluciones de negocio

Incorporar tecnología y dinero en las empresas no garantiza resultados tangibles o un cambio inmediato. Es necesario implementar una estrategia que funcione para toda la organización para que lo digital se considere un beneficio y no un impedimento. Entonces, ¿Cómo apropiarse estratégicamente de la tecnología? ¿Cuál es el principio básico de toda transformación digital? ¿Qué desafíos deben enfrentar las empresas argentinas?

El “mapa de madurez digital” es una herramienta que surgió hace un tiempo luego de un encuentro con un amigo, que además es usuario de uno de los productos que desarrollamos en Finnegans, él había puesto en marcha una modernización de su gestión con nuestros sistemas y, sin embargo, estaba bastante desconcertado, molesto incluso, porque sentía que había invertido un montón de esfuerzo y dinero sin resultados tangibles.

Finalmente, nos propusimos analizar juntos la situación, para ver si podíamos obtener conclusiones al respecto, entender dónde estábamos genuinamente. Y convenimos en que, en lugar de repasar el estado de funcionamiento del sistema, debíamos subir un escalón en la perspectiva y mirar el estado de madurez digital de los procesos de su empresa: de qué manera y en qué medida su organización estaba incorporando prácticas digitales eficazmente para que habilitaran sus sistemas, qué tan digital era la cultura organizacional del equipo, y la visión de la dirección al respecto.

La reunión fue muy intensa, duró dos horas sin respiro. Pasamos por casi todos sus procesos de gestión, y en cada uno vimos que faltaba “apropiarse estratégicamente” de la tecnología. Como conclusión, validamos que, para transformarse digitalmente, lo más importante es trabajar sobre la dirección y el equipo, la cultura organizacional y las capacidades, entender cómo la tecnología cambia un negocio, y no sólo entender o incorporar tecnología.

Del análisis de esta situación salió una dinámica, que permitió una mejora sustancial de los procesos a lo largo de un tiempo relativamente corto, con poca y selectiva inversión adicional a la que ya había realizado su empresa. Pero, sobre todo, se puso en funcionamiento un proceso de valor estratégico para la compañía, centrado en integrar tecnología con una agenda que involucre claramente a todo el equipo, con objetivos medibles en beneficio de negocio, no sólo en incorporación tecnológica.

De ese proceso, y otros que a partir de ahí ejecutamos con muchos clientes en Finnegans, surgió la práctica de Maduración Digital que hoy realizamos con grandes logros para nuestros clientes, y que se sustenta en la utilización de un “Mapa de Madurez Digital” y planes de trabajo relacionados.

Cabe remarcar que la digitalización de la economía está abarcando todos los procesos productivos. En los últimos años, Netflix, Uber y tantos otros mostraron cómo es posible irrumpir en un negocio con una estrategia digital nueva, y cambiarlo para siempre. De hecho, existe un consenso en los analistas de negocios en considerar que en todas las industrias el impacto será muy profundo, y que sólo resta saber cuándo ocurrirá ese impacto en cada actividad, pasando por lo visible, lo probado, lo evidente y lo inevitable.

La digitación requiere en primer lugar, una empresa con procesos digitales en su gestión. ¿Por qué? Para asegurar la flexibilidad, seguridad, consistencia, colaboración basada en una única fuente de datos que es el principio básico de toda transformación digital, para permitir la integración con todos los interlocutores externos. Sobre ese núcleo central, se pueden ya entonces agregar: nuevos procesos comerciales y productivos; nuevas estrategias de logística y gestión de inventarios; integración general de todo el equipo para mayor eficiencia global; y por supuesto, nuevos modelos de negocios basados íntimamente en plataformas digitales.

Con relación a los desafíos de nuestro mercado, el escenario de las empresas en la Argentina tiene algunas características únicas: tenemos organizaciones de gran creatividad, ambiciosas en sus objetivos, adaptables para el cambio. Pero simultáneamente, hay una cierta dificultad en ejecutar con rigor procesos repetitivos, tendemos a improvisar más que a planificar. No tenemos una cultura de las personas y de las organizaciones normativa y rigurosa en el cumplimiento de procesos repetitivos, en la identificación de límites o restricciones que aceptar en el cumplimiento de nuestras tareas. Por eso, madurar en la gestión en una organización nos demanda trabajar simultáneamente en la cultura organizacional.

En general, cuando hablamos de transformación digital, se percibe una creencia en las empresas que: la incorporación de una tecnología implica inmediatamente un cambio. Pero no es así. Se necesita una estrategia que funcione para toda la organización, desde la toma de decisiones, incorporar en toda la organización lo digital, hacer que se considere un beneficio y no un impedimento, etc. El proceso de gestión para transformar debe buscar integrar a la dirección y a la operación en una estrategia visible y de impacto medible a lo largo del tiempo, para permitir que pueda prosperar.

Buscamos incorporar prácticas de revisión constante, alineamiento de objetivos y correcta elección de vectores de crecimiento adecuados. Para esto un mapa nos permite orientarnos y definir un rumbo sobre qué hacer, a dónde concentrar los esfuerzos para obtener beneficios, es fundamental. Y sobre eso, hacer un plan de trabajo que permita avanzar en esa dinámica.

Uno de los desafíos en relación a la transformación digital es cómo asumir objetivos de negocios en forma estratégica y darle continuidad a un plan que no pierda de vista esos objetivos. Es por esto que el Mapa de Madurez Digital es una herramienta metodológica que contribuye a no perder el foco de qué es lo que queremos lograr en cada paso de nuestro proceso de aceleración digital y que permite acceder a resultados en forma periódica sobre cuál es el nivel de madurez que conseguimos en relación a los objetivos que nos planteamos. Y, sobre todo, orienta la dirección estratégica de la empresa en los aspectos de incorporación tecnológica.

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